Hay análisis que revelan la presencia de leptospirosis en perros sueltos que deambulan por la Peatonal de Paraná. Al norte de la provincia reina la zozobra en torno a la llegada de leishmaniasis.
Un informe oficial cuenta cómo la construcción del enlace vial Rosario -Victoria fue clave en la urbanización de roedores que, así, provocaron un aumento de los casos de hantavirus. Ricardo LeguizamónLa leptospirosis, una enfermedad que transmiten las ratas, está, literalmente, a las puertas de la ciudad capital de Entre Ríos: en la Peatonal San Martín, donde jaurías de perros vagabundos han hecho su hábitat permanente, un análisis veterinario dio positivo en al menos cuatro canes, aunque otro relevamiento, hecho sobre 80 animales con dueños, pero que habitualmente salen a la calle, arrojó la presencia de la leptospira en unos 70 de ellos. Mal que le pese al mejor amigo del hombre, no es la única zoonosis que transmiten. En el norte de la provincia, al límite con Corrientes, no se ha disipado totalmente el temor frente a la aparición de focos de leishmaniasis, una enfermedad gravísima que otro insecto, del tamaño del jején, y llamado flebótomo, transmite al perro y de éste llega al hombre. No hay denuncia todavía, pero tampoco análisis exhaustivos que permitan descartar su presencia. Para certificar que hay o no leishmaniasis en Entre Ríos, se requiere cumplir un delicadísimo protocolo: una punción en la médula ósea del perro, y luego un análisis con equipos que sólo tiene la Nación. Los técnicos nacionales aún están trabajando en el sur de Corrientes, aunque prometieron que en breve cruzarán la frontera. Pero todavía no llegaron.UN JEJÉN RIESGOSO. “Es verdad, no tenemos una herramienta de diagnóstico rápido para determinar si el animal porta o no la enfermedad. Pero hay una sintomatología específica, que conviene tener en mente por parte del profesional. Por eso la necesidad de estar alertas, estar preparados y concientizados. Cuando la enfermedad no está presente, se complica, y se pierde tiempo una vez que llega”, dice Alejandro López, presidente del Colegio de Médicos Veterinarios de Entre Ríos.La leishmaniasis puede presentarse en su forma más violenta, la visceral, que tiene un 10 % de mortalidad, y en Salud saben que el mal está cerca, a sólo 66 kilómetros de Entre Ríos: en Monte Caseros, al sur de Corrientes, cerca de Chajarí, se detectaron 55 perros afectados, y se teme que al haber una “frontera seca”, rápidamente se extienda en territorio provincial.Por eso, los veterinarios pretenden entrevistarse con el ministro de Salud, Ángel Giano, para presentarle un borrador de proyecto de ley que apunta a establecer un control fronterizo de canes. “Hay que establecer una barrera sanitaria en el traslado de los animales caninos. Se ha determinado la presencia del vector muy cerca de Entre Ríos. La enfermedad tiene la particularidad de que el curso de incubación no se puede determinar con exactitud, puede ser semanas o meses, y durante ese lapso el perro se transforma en una usina del parásito”, contó López.La responsable del área de Zoonosis de Salud, la médica veterinaria Silvina Saavedra, acepta que en la provincia no se ha hecho aún la captura del flebótomo. “Lo hizo la Nación en Corrientes, pero aquí todavía no. Sucede que hay poca gente, tienen pocas trampas, y además se hace con elementos costosos. Van a hacer un trampeo en Chajarí, que es la ciudad más cercana a Corrientes, pero todavía no se hizo”, explicó.AQUÍ Y AHORA. Lo que ya está presente es el hantavirus. “En la provincia se ha registrado un aumento en la detección de casos de hantavirus”, dice un informe oficial de Salud al que accedió EL DIARIO. Las condiciones para ese crecimiento, agrega, están directamente atadas al cambio climático, y sus derivados. “La modificación de muchos ecosistemas naturales implican la readaptación de la fauna nativa a nuevas condiciones ambientales, lo que provoca migración de especies, así como también variación en las densidades poblacionales con aumentos o decrecimientos, que pueden llegar a provocar la extinción de algunas especies y la transformación en plagas de otras”, señala.El tiempo loco, el cambio climático, no es otra cosa que la tropicalización de las temperaturas y lo que ello trae aparejado. En el verano de 2008 la distribuidora estatal Energía Entre Ríos SA (Enersa) registró un 17 % de crecimiento de la demanda de energía respecto de igual período de 2007, situación que se originó debido a que hubo temperaturas 3 grados promedio más altas a las registradas un año antes. Y con clima tropical, hay precipitaciones ídem: las intensas lluvias del otoño de 2007 provocaron el desplazamiento de especies (entre ellos, roedores) hacia zonas que ponen en riesgo la salud humana. Luego, en el otoño siguiente, en 2008, los incendios de pastizales en el Delta consiguieron alterar el equilibrio ecológico, e impactar en la salud de la población. Uno de esos desequilibrios es la migración de roedores hacia las zonas urbanizadas.La deforestación y la eliminación del monte nativo producto del avance de la agricultura, particularmente de la soja, favorecen esas transformaciones climáticas. Un informe producido por Alicia Da Veiga, especialista del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), da cuenta que mientras en la campaña 1971/72 el área sembrada con soja alcanzaba apenas las 79.800 hectáreas, una década después llegó a los 2 millones, para llegar en la campaña 2002 a los 12 millones de hectáreas. Hoy ese cultivo ocupa el 50 % del área implantada en el país, aunque en Entre Ríos registró un brusco aumento entre las campañas 1993/94 a 1998/99: mientras en Argentina la media de aumento rondó el 48,7%, en la provincia fue del 309 %: DIOS ES ENTRERRIANO. Pablo Basso, director de Epidemiología de Entre Ríos, dice que el combo que representa el avance de la agricultura, la consecuente deforestación y afectación del monte nativo y la sobreutilización de pesticidas trastocan el equilibrio ecológico con la eliminación de los predadores naturales, que se encargan de mantener a raya poblaciones de animales que, así, se convierten en plaga rápidamente. Eso ocurre con el mosquito aedes aegyti, vector del dengue, que este año provocó un alerta mayúsculo en el país. “El aedes ya está en toda la provincia. Son contados los lugares donde no se lo ha podido encontrar. Nosotros damos por descontado que tenemos aedes en todo Entre Ríos”, asegura.El aedes es un mosquito multipropósito. Aparte de ser el vector del dengue, también lo es de la fiebre amarilla. “La fiebre amarilla tiene ventaja respecto al dengue, y es que tiene vacuna. En Formosa y en Misiones tuvieron muy pocos casos de dengue, porque allí se trabajó mucho contra la fiebre amarilla. Al trabajar contra la fiebre, obtienen resultados con el dengue”, señala Basso. —Entre Ríos registró 11 casos de dengue, y Santa Fe, 970. ¿Por qué hubo tan pocos casos en Entre Ríos, comparado con provincias vecinas? –preguntó EL DIARIO.—Es la pregunta que todos nos hacemos. Santa Fe es una provincia que trabajó muy bien, y sin embargo tuvo muchos casos, sobre todo en ciudades que están ubicadas en lo que denominamos la ruta del dengue. Es una hipótesis. Otra hipótesis habla de la existencia de barreras naturales, como los ríos, pero no tiene nada que ver porque son las personas las que llevan la enfermedad. Hay una tercera explicación, que ahora manejamos, y es que Dios es entrerriano.Sobre llovido, mojadoEl médico Guillermo Zanuttini, director del Centro de Salud Jorge Newbery, dice que las enfermedades emergentes y reemergentes vienen a sumarse a una situación ya de por sí delicada en materia de salud, sobre todo en las franjas más pobres de la ciudad. “En nuestra provincia, y en nuestra ciudad, los problemas son los que siguen vigentes, y es trabajar en la problemática de salud-enfermedad ligadas a la pobreza, la desigualdad, no podemos salir de ese circuito. En términos de infancia, la problemática que tenemos es la misma de hace veinte años”, sostiene.Mientras el mundo se alarma por la gripe porcina, y la Organización Mundial de la Salud (OMS) mantiene en vilo a los países ante la propagación del virus, Zanuttini recuerda que aquí falta lo mínimo indispensable para curar. “Las políticas sanitarias no han sido eficientes para combatir los males estructurales que tenemos. Nosotros seguimos teniendo un perfil de morbi mortalidad que, en parte, podría reducirse mucho con sólo mejor el trabajo del sistema sanitario”, asevera.En ese contexto, dice que “todos los problemas de enfermedades emergentes y reemergentes implican potenciales riesgos sobre los problemas sanitarios que ya tenemos instalados, que nos cuesta enormemente poder abordar, y que a esta altura no es un problema de las gestiones políticas, sino de la incapacidad del propio Estado para poder resolverlas”.Así, dice, las nuevas enfermedades, o las viejas ya conocidas que vuelven, “se nos suman a problemas estructurales que ya tenemos instalados y sobre los cuales no podemos dar respuesta, y que afectan de manera más directa a los pobres”.
lunes, 1 de junio de 2009
La salud, acorralada por 4 jinetes del Apocalipsis
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